domingo, 6 de marzo de 2011

Manual de urbanidad para acudir a las playas


Un día cualquiera mi madre nos entregó a mi hermana y a mi un libro que recuerdo vagamente que se llamaba Manual de Urbanidad, la palabra urbanidad evocaba en mí conceptos como comportamiento cívico, tradición democrática o ciencias sociales. El libro en cuestión era el famoso Manual de urbanidad y buenas costumbres de Manuel Carreño, en ese momento su autor me pareció un cursi lo que venía reforzado por las infames ilustraciones del libro. Sus escritos no sirvieron para urbanizarnos en lo absoluto por el contrario mi hermana y yo nos partíamos de la risa con las recomendaciones totalmente ridículas de cómo vestirnos para ir a misa, de cómo redactar tarjetas de visita cuando se acude a un funeral, qué regalar a un enfermo y nuestro capítulo preferido cómo comportarse en la mesa. Manuel Carreño vivió en el siglo XIX y desde luego la Venezuela que el conoció nada tenía que ver con aquélla en la que vivíamos mi hermana y yo a finales de los ochenta, la verdad es que el libro fue motivo de burlas recurrentes por nuestra parte.

Sin embargo la urbanidad y la etiqueta son temas de conversación más o menos constantes entre la gente, todo el mundo cree saber lo que se debe o no se debe hacer y criticamos el comportamiento de los demás según nuestras creencias. Respecto a las "distintas formas de ir a la playa" discutíamos el otro día. Es sabido que los famosos chiringuitos del Sur de España son impensables en el Norte. En el caso de Latinoamérica hay todavía un abismo más grande, la gente va a las playas equipada con comida (mucha comida), música (a todo volumen), bebidas alcohólicas y montan una fiesta en el día de playa. Por otra parte en algunos países que profesan el Islam las mujeres van cubiertas de pies a cabeza y así las he visto meterse al agua.

A finales del siglo XIX y principios del XX la gente iba completamente vestida a la playa, con sombrillas, sillas, los hombres de traje, las mujeres con vestidos de encajes y sombreros, mi abuela paterna se tenía que bañar en una zona exclusiva de mujeres en el Lago de Maracaibo y aún así muy tapada. Hoy en día vamos a la playa como queremos e incluso sin ropa, pero precisamente creo que a veces se ha perdido la urbanidad en las playas, la posibilidad de contemplar tranquilamente el mar como si fuéramos Gustav von Aschenbach en La Muerte en Venecia pensando en todo aquello que nunca se dice. No hay a veces posibilidad de oír las olas y de olvidarse de los bañadores feos y la conversaciones monótonas, por eso las playas abandonadas, o las horas donde nadie está todavía o todo el mundo se ha marchado tienen el encanto de la arena cansada removida por los visitantes, de las olas que suenan y suenan, del viento un poco frío que se levanta para despedir o recibir al día.

Vayan a la playa como quieran pero intenten hacerla suya como si estuvieran solos por un momento.


Bellas fotografías del fotógrafo ruso George Hoyningen-Huene, realizadas en la década de los treinta y aunque no lo parezca en un estudio.
Beautiful pictures by the russian photographer George Hoyningen-Huene during the thirties, they are suprisingly indoor photos.


*One day my mother gave to my sister and me one book named Rules of etiquette, for me that meant good behavior, democratic traditions or social studies, it was indeed a famous book by a famous author, Manuel Carreno, at that time I found the book affected and old fashion (especially because of the terrible illustrations that accompanied the text). The book didn´t made my sister and me learnt at all about etiquette it was on the contrary a constant subject of mockery for us, the rules concerning how to attend the mass, what to bring when visiting a sick person, how to prepare your presentation cards when attending a funeral and our favorite the rules of etiquette at the table. Manuel Carreno lived in XIXth century and the world that he knew was really far away from the world of our youth.

Even if I found the book ridiculous I recognize that etiquette is quite an important subject in people conversations, the thing is everybody believe they know what one should do or what shouldn´t be done and we criticize other people according to our own etiquette ideas. Talking about the “different etiquettes rules” for visiting the beaches we spoke about how the famous Spanish “chiringuitos” (little beach-bars where you can eat fried fish and drink beer) of the south would be inconceivable at the north. I started thinking about Latin-America where people goes to the beaches with coolers full of food, they play loud music and make a party of the visit, in some Islamic countries on the other side I have seen women entering into the sea all covered by the chador.

At the end to the XIXth century and the beginning of the XXth people went to the beach all dressed up. Men in suits with neckties, women with long lace dresses, hats and umbrellas. One of my grandmothers had to bath in a zone apart destined exclusively to women and still very covered. Today we go to the beach as we want and even without clothes, but precisely because of that freedom we have lost some etiquette when we attend a beach, it is quite impossible to just contemplate the sea lost in our thoughts as we were Gustav von Achenbach of Death in Venice (haunted he by terrible thoughts). There isn´t, sometimes, the possibility to escape the view of ugly bath suits and the sound of monotonous conversations, that is why the semi-abandoned beaches are so beautiful and so is the view of the sand looking exhausted by the marks of the visitors of the day, with the sound of the waves and a cold wind when the dust (or the dawn) comes.

Visit the beaches as you like but try for some minutes to feel that you are all alone and the beach belongs to you.
"La Confesión" del pintor español del siglo XIX Vicente Palmaroli.
"Confession" by spanish XIXth Century painter Vicente Palmaroli.


Si alguien sabía de playas era el pintor Joaquín Sorolla.
If someone new about beaches it was the spanish painter Joaquin Sorolla.




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