sábado, 26 de marzo de 2011

Trenzado [s]

 Detalle de la Universidad Central de Venezuela. Carlos Raúl Villanueva, década de los 50
Central University of Venezuela. Carlos Raul Villanueva, 1950-1960

Hace aproximadamente tres años volvieron a ponerse de moda las trenzas como peinado. Se trataba de trenzas algo deshechas, de lado, sobre la cabeza, postizas o propias, nada complicadas ni pulidas que completaban a la perfección un estilo confeccionado con telas vaporosas, colores suaves y en el cual lo interesante era parecer indiferente, como si se acabara de volver de un paseo por el campo en plena tarde de verano. En el otoño de 2009 Joseph Altuzarra, diseñador francés de origen hispano-chino formado en Historia del Arte presentó en Nueva York su colección para el verano de 2010, en esa colección rescató el trenzado “à la grille” típico de las sillas de mimbre o de otra madera con respaldo y asientos “trenzado” (en mi habitación en la casa de mis padres tengo dos de estas sillas plegables cómodas y eternas); me atrajo la traslación de una forma de trabajo artesanal y relacionado con el mobiliario hacia los tejidos. Seguía la senda del “capitonnage” de los bolsos de Dior. Patricia Urquiola, diseñadora asturiana afincada en Milán sorprendió a todos (como lo hace siempre) trenzando sus sillas, que modernas y de brillantes colores recordaban a las antiguas sillas de terraza.
En estos tres años ha vuelto el trenzado en dos de sus acepciones, participio de trenzar y también en su significado de hecho “con desaliño, sin cuidado”. Han vuelto el crochet, el punto, los tejidos bastos en colores crudos, la rafia, la arpillera. Subyace en nuestras modas un deseo de recuperar lo artesanal: las cocinas con antiguas ollas ennegrecidas, la proliferación de la oferta de productos frutales directamente comercializados desde huertos naturales mantenidos por sus dueños sin utilizar pesticidas, los sillones de cuero envejecidos, los baños con grifería antigua, la revalorización del dibujo en el mercado del arte. Existe en nosotros la necesidad de recuperar algo definitivamente perdido pues no vuelven las cosas a ser lo que eran, rodeados de elementos tecnológicos no vemos contradicción en conservar gestos arcaicos que nos conectan con los humanos de hace cien años, no queriendo perder lo manual, escribiendo notas con plumas, tejiendo nuestros cabellos.
Cuando la Revolución Industrial permitió la producción en masa de elementos de construcción y empezaron a deslumbrar los grandes “palacios” de hierro y cristal, los artistas de las Arts and Crafts volvieron al refinamiento, los colores, la belleza del contacto con la naturaleza, la recuperación de la pintura por su valor estético, el trabajo de la piedra, la vida al aire libre en los campos, desde entonces la tecnología transforma nuestras formas de vida y nosotros nos aferramos cada cierto tiempo a aquello que podemos hacer con nuestras propias manos quizás soñando con que la transformación no será definitiva, que delicadas formas convivirán siempre con las aristas de lo industrial. Incluso lo que fue industrial hace cien años, las abandonadas chimeneas, las viejas estaciones de tren; se confunden con lo artesanal en una aspiración de rodearnos de historia, nuestras “machines à habiter” se vuelven cada vez más eficientes mientras nosotros insistimos en que la ventana dé al jardín.
Pienso que debido a la sagacidad de reflejar esa estrecha relación que tenemos entre la modernidad y lo que consideramos primario en nosotros, es que películas como Gattaca o Blade Runner han envejecido bien, puesto que no mostraban un futuro puramente tecnológico sino uno en que los humanos conservábamos viejas fotografías en blanco y negro o nos transportábamos en coches con el diseño de los años cincuenta. El “futuro” de América Latina se fue construyendo a mitad del siglo XX  gracias al uso extensivo del hormigón que sin poderlo remediar no fue sólo materia lisa y fría sino compañero del color siendo “trenzado” para crear formas y luz.
Desde el presente giramos la cabeza para mirando al pasado reconocernos y mientras…todo cambia para seguir igual como afirmara Tomasi di Lampedusa en El Gatopardo.
Sillas Tropicalia de la diseñadora Patricia Urquiola
Tropicalia chairs by designer Patricia Urquiola



 











 Diseños de Joseph Altuzarra
Designs by Joseph Altuzarra


*About three years ago hair braids became fashion again. They were messy bride, on one side of the head, over the head, real or false, effortless and imperfect that completed a whole tendency built from light dresses and soft colors, where the game was to seem careless as if you were coming from a walk in the country on a summer afternoon. In 2009 fall, Joseph Altuzarra a French designer with a B.A in Art History and Chinese and Spanish origins, showed his spring/summer collection that used the typical grille form of some wicker (or other wood made) chair, this translation of a decorative motive to fabric called my attention (in my room at my parents house I have two folding wood chairs comfortable and everlasting). He was in the same path that the “capitonnage” of Dior bags. Patricia Urquiola surprised us all (as she always does) with plaited colorful modern chair that reminded the typical terrace chairs.
In these last three years the plaiting has become a symbol not only of a rough vision of design but also of the men craft work. Crochet, knitting, untreated fabrics, raffia, sacking have all being rescue. In this fashion there is a hidden desire of connecting with a handicraft way of producing things: the kitchens decorated with blacken pots, the natural products sell by the farmers and produce without pesticides, the ancient leather armchairs, the antique faucets in the bathrooms and the art market interested in drawings. We need to recuperate some of the aspects of our human life as it was conceive hundreds years ago; we try to keep somehow things as they were even if we know nothing will ever be the same. We write notes with our pens, we braid our hairs.
When the Industrial Revolution allow to erect incredible glass and iron “palaces” the Arts and Crafts artists came back to the natural life in the country, to the beauty of the nature, the elegance of colors and refinement in painting. Since then from time to time we try to combine the technological forms with the natural ones, dreaming that the transformation of our lives will never be definitive and that we will always count on delicate forms to ornate our modern spaces. Even what was consider industrial and ugly decades ago is recuperated nowadays, the abandoned chimneys, the old train stations; in our aspiration to bring some history to our existences. Our “machines à habiter” are more and more efficient though we insist on having a window with a view.
I believe that thanks to a wise vision of the future, movies like Gattaca or Blade Runner are still modern as they showed us a future where humans will keep black and white pictures or transport themselves by 50´s style cars. The “future” in Latin America was built in the middle of the XXth century with concrete that could not be cold and plain but connected to color and “plaited” to create forms and bring light.
From our present we like to look to the past in order to recognize ourselves while…everything changes so everything stays the same as Tomasi di Lampedusa wrote in The Leopard.

Fábrica Pompeya de la arquitecta Lina Bo Bardi, Sao Paulo, 1977-1986
Pompeia Factory by architect Lina Bo Bardi, Sao Paulo, 1977-1986 



Hotel Aire de Bardenas en Tudela, Navarra. Mónica Rivera, Emiliano López, 2004-2007
Aire Hotel in Bardenas Park, Tudela, Navarra, Spain. Monica Rivera, Emiliano Lopez, 2004-2007
Fotografía tomada de http://www.arqa.com/ / Picture copied from http://www.arqa.com/






A la izquierda trenzado de lámpara artesanal. A la derecha bolso de Dior
To the left plaited lamp screen. To the right Dior bag

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