martes, 21 de junio de 2011

Anastasias y sal



Como si fuera el día del cumpleaños de la Señora Dalloway su primer destino sería la floristería, donde compraría un ramo, como siempre de flores blancas, esta vez un ramo más grande de lo habitual, anastasias hermosas rodeadas de ramitas verdes. El día era muy caluroso, el primero del verano, se decidió a comprar más flores de lo habitual para poder repartirlas por varios rincones de su casa, eso haría que el aire se sintiera más fresco. A las clientas les gustaba ver flores u objetos nuevos en el taller cuando iban a visitarla, el taller era su espacio de trabajo de la mañana a la noche, pequeño, pulcro, ordenado, las telas y gasas cuidadosamente envueltas, una mesa de madera elegante, buena iluminación, metros, hilos, agujas, una discreta máquina de coser. El verano era la peor época del año, días de sol interminable, calor pegajoso en las tardes mientras cortaba y cosía, encargos interminables para bodas, hasta Septiembre, mes en el que podría respirar el aire fresco de las noches, volver a ocultarse bajo la mantas para ver una película y menos bodas, muchas menos clientas pidiendo cosas estrafalarias señalando recortes de revistas. Se detuvo unos segundos a mirar los folletos en una agencia de viajes, todo el mundo parecía huir en Agosto y la ciudad quedaba ahogada bajo el peso del aire caliente y el aburrimiento. Atravesando la calle con destino a la floristería se acordó de los veranos en la playa cuando era niña, nada que hacer de la mañana a la noche, comidas interminables, el sabor a sal del aire. Su marido estaba convencido de que no hacía falta viajar para disfrutar, siempre comentaban lo bien que estaban en casa mientras los demás iban de viaje a esos países tan extraños donde cualquier cosa desagradable te puede ocurrir. Entró en la floristería, compró el gran ramo, las flores tenían pequeñas gotas de agua en sus pétalos, olían muy bien, cargada con ellas se sintió sin embargo muy ligera, como si no sólo empezara el verano sino verdaderamente un período de vacaciones. ¿Qué haría ella en un mes entero de vacaciones?, pasear, comprar pasteles, ver películas, salir con las amigas, lo que hacía más o menos todo el año. Se acordó de Caramel ¿se estaba convirtiendo en el personaje de la modista, sola y con una hermana chiflada? Al menos ella no tenía hermana, pasaba los veranos como una época de penitencia, abrasada entre las telas, abrumada por las conversaciones de las madrinas, invitadas, amigas, cuñadas y sobre todo por las de las novias, hacía tiempo que evitaba a toda costa tener que hacer un traje de novia, le parecían ridículos, llevaban mucho trabajo y ella cada vez más deseaba hacer vestidos de cortes limpios con una buena tela y nada más. Hoy tenía esa sensación incómoda, esa que tienes cuando quieres quedarte encerrado en ti mismo, parar el mundo al menos unas horas y no hacer nada, o hacerlo todo. Esa mañana venía una novia a recoger un vestido, palabra de honor, algo de chantilly, cursi, bien hecho, cuando llegó a su casa dejó las flores empaquetadas sobre la mesa de la entrada, rebuscó en su escritorio, tarjetas, números de teléfono, anotaciones para pedidos, una de las clientas para la que había cosido hacía poco le había pedido que fuera por ella a comprar telas en la India, Tailandia, Turquía, Marruecos, ya sabes esos países tan exóticos. La llamó sin pensarlo mucho, su primer destino sería Egipto, pensó en las pirámides tal como aparecen en las láminas de las revistas de National Geographic.
La novia llegó y al verse reflejada en el espejo su imagen era la de una mujer feliz porque no sabía que se divorciaría dos años después, lo que nunca olvidó fue que la amable costurera, tan callada y meticulosa, le regaló el vestido y un gran ramo de flores blancas, precioso y le dijo: -Tu vestido es el último vestido de novia que hago, te deseo mucha suerte. Apagó las luces, cerró la puerta de su taller, rescató una gran maleta de cuero de la parte superior del armario del pasillo y buscó su pasaporte guardado en una funda de cuero, su pasaporte que siempre mantenía vigente, esperando usarlo.

1 comentario:

  1. Precioso texto! Si es que las flores inspiran, son auténticas musas!! Yo también tengo mis bouquets favoritos para cada momento, que me resultan completamente inspiradores. Ahora que llega el verano, me decanto por las gerberas de colores. Un auténtico flash de luz y alegría!! Os dejo una foto a ver que os parece: http://www.facebook.com/photo.php?fbid=123634411050723&set=a.119750278105803.28200.118290111585153&type=1&theater. ¿A que son preciosas? Un saludo!! :)

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