martes, 17 de enero de 2012

Mudanzas


Si no había vuelto a escribir en este diario particular es porque una mudanza me ha dejado sin internet durante más de un mes, gracias a la eficiencia de dos compañías telefónicas, por el momento nadie me ha enviado una carta de disculpas pero prometo que si la recibo no les guardaré (demasiado) rencor. Pero este blog no trata de política ni es un servicio para el desahogo de consumidores y usuarios…no trata de política, al menos no directamente, porque cuando la política y la cultura se tropiezan, cuando el cine y la política se enemistan entonces tengo excusa para hablar de política, porque seamos claros, lo personal es político y eso va mucho más allá del Movimiento Feminista que creó la frase.
Así que este post trata de Mudanzas pero no de la mía que se resolvió rápidamente en una mañana, las Mudanzas son las que se refieren a la política y en concreto la que ha afectado al Festival de Cine de Gijón, no conozco personalmente ni tan siquiera sabía el nombre del Presidente ahora destituido, pero del Festival puedo hablar con conocimiento de causa porque he sido asidua suya desde que me mudé a Gijón en el año 97. Si algo ha hecho de Gijón una pequeña ciudad especial y de la que sus habitantes nos sentimos orgullosos (aunque yo ya no viva allí) es de su variada y rica oferta cultural, fuera de los tópicos de la tierrina como la sidra y los bollos preñaos en Gijón hay o había exposiciones para todos los gustos, varias interesantes a lo largo del año, conciertos, encuentros, jornadas y un Festival de Cine único en toda España y seguro que de los más arriesgados de Europa. Ir al Festival de Cine de Gijón era un espectáculo aún antes de entrar en la sala, la gente que hacía cola venidas de todas partes o del propio Gijón no sé si se disfrazaban para el evento pero no se veían igual durante el resto del año, Gijón era moderno, era superficial, era pedante incluso pero era original, diferente e intelectual. Paralelo a los múltiples ciclos de cine había entrevistas, conciertos, exposiciones y un aire de fiesta postmoderna que hacía olvidar el frío y la lluvia. Uno de los carteles del Festival me acompaña enmarcado en mi casa, guardé hasta que las mudanzas me lo impidieron varios de los programas de mano, busqué después las películas que me había perdido porque las entradas estaban agotadas.
No todo era perfecto en el Festival, no todas las películas eran buenas, pero es que no hay nada perfecto y la felicidad está en la experimentación, en la búsqueda. Asumir la dirección del Festival de Cine menospreciando el trabajo anterior es una torpeza aparte de una mezquindad, debe reconocerse la excelencia del Festival de Cine de Gijón que ha hecho de una pequeña ciudad costera en el norte de España un referente para lo que un Festival diferente y realmente de vanguardia debe ser. El Festival no necesita “abrirse” a nadie, las entradas se agotaban siempre y por otra parte cuando se habla de cultura, de arte, de creación, no se habla sólo de entretenimiento sino de participación y del necesario esfuerzo que el espectador debe hacer, en eso radica el reto y el placer de disfrutar de lo que tenemos que desentrañar, averiguar por nosotros mismos.
El Festival cumplía con sus objetivos, era original, ingenioso, especial pero sobre todo era rentable, no creo que con sus propuestas la nueva dirección pueda lograr eso mismo, hacer posible que la “masa” se acerque a ver no lo que tu quieres que vean sino lo que aún se encuentra en proceso de gestación.
Muda el Festival de Cine, mudan muchas cosas en la cultura, sólo pienso que mientras quede el refugio de los libros podremos siempre escapar a la mediocre realidad en las que los mediocres pretenden que todos vivamos. Porque al igual que lo personal es político el conocimiento, que no la mera información, es poder.

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